[Podcast] Tragedias naturales novembrinas

Por: Nelson Guillermo García Gaitán.

[Podcast] Tragedias naturales novembrinas

El Sonajero

Un 13 de noviembre de 1985 hacia las 11:30 de la noche aproximadamente comenzó la tragedia de Armero, una avalancha del río Lagunilla tras la erupción del cráter Arenas del Volcán Nevado del Ruiz, arrasó en cuestión de instantes con una de las poblaciones otrora más prósperas del Tolima, Armero;  35 años después, en la noche trágica entre el 15 y 16 de noviembre (de este de por sí ya trágico 2020); esta vez el Huracán Iota, elevado a categoría cinco, arrasó con las paradisíacas Islas de San Andrés y Providencia, la naturaleza otra vez marca nuestra historia con su ferocidad. Esta triste historia de tragedias naturales aparte de suceder en el mismo mes del año, tiene otra fatal coincidencia que une estas historias para la posteridad: la naturaleza embistió con toda su fuerza en la noche, mientras el resto de los colombianos en su mayoría dormíamos tranquilamente y, solo al ver la luz al día siguiente en ambos casos en el 85 a través de la radio y luego de la televisión, y hoy también por la televisión, la radio y algunas redes sociales, lentamente fuimos despertando a la magnitud de la fatalidad; esas nuevas mañanas de noviembre las imágenes nos dejaron en silencio.

 

Impotencia es algo común por estos días, las historias de las noticias en televisión siempre nos deben dejar  algo a quienes las consumimos, como periodista siempre he tenido claro eso y lo enseño, que el interés humano es una característica fundamental cuando de mostrar la información se trata, en 1985 Colombia cuando sucedió la tragedia de Armero, estaba asimilando apenas lo que hoy conocemos como el Holocausto del Palacio de Justicia; hoy Colombia y nosotros apenas estamos comenzando una recuperación económica debido a la pandemia mundial generada por el Covid-19; no deja de ser paradójico que San Andrés y Providencia, que veía en la reapertura gradual del turismo su renacer, hoy sea noticia y tenga prácticamente que comenzar de cero; pero ayer como hoy la televisión y su franja informativa debe ir mostrándonos poco a poco esa realidad que también estaba dormida, y que ya en este siglo XXI aparece de nuevo como el escenario común de las tragedias: que el Estado ausente se evidencia con los primeros resultados del cubrimiento periodístico, las denuncias de abandono también son comunes, sale a la luz esa otra cara, la que quizá muchos turistas ignoran en el caso de San Andrés y Providencia: la corrupción, y que en el caso de Armero ya está comprobado en estos años de historia; ojalá en este caso 2020 la historia en su desenlace de reconstrucción no se repita y ahora sí el Estado actúe, es una oportunidad histórica para hacer las cosas bien, y así sentir que esa Colombia insular es verdaderamente nuestra.

 

De Armero también quedó la imagen de Omaira Sánchez, la niña emblema de la tragedia,  la imagen también de la globalización; por ahora de San Andrés y Providencia, no hay un nombre fijo, seguramente con el tiempo surgirá, pero esta semana que termina, por lo menos a este columnista un nombre también de mujer fuerte y luchadora está quedando en mi memoria: Vilma Jay, una joven periodista corresponsal de Caracol Noticias, que con su relato en primera persona, pasó de ser reportera a testigo y protagonista de la tragedia; ella por ahora para mi representa esas dos caras de esta Colombia: la que lucha a diario por sobresalir y surgir, y la que llora por las tragedias incontrolables de la naturaleza; ojalá cese la horrible noche novembrina.

 

 

2020-11-21

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