La domesticación de los gatos probablemente se dio por primera vez en Mesopotamia en donde se usaron principalmente como protectores de las cosechas frente a una fuerte amenaza de roedores.
En el Egipto faraónico fue usado para representar a una deidad llamada Bastet, también representada por una mujer con cabeza de gato, que era la protectora de hogares y templos.
El inquisidor Conrado de Marburgo, quien estaba obsesionado con las sectas satánicas fue quien escribió al Papa asociando al gato con el demonio.
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