La agenda giró en torno a cooperación en seguridad, lucha contra el narcotráfico y estabilidad regional, ejes que han marcado el deterioro reciente del vínculo bilateral. Trump había acusado públicamente a Petro de connivencia con el narcotráfico, le retiró la visa y promovió su inclusión en la Lista Clinton, decisiones que congelaron los canales políticos durante semanas.
El encuentro reunió a las cúpulas diplomáticas de ambos gobiernos. Petro estuvo acompañado por su canciller, su embajador en Washington y su ministro de Defensa, mientras que Trump participó junto al vicepresidente J. D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el senador Bernie Moreno, figura crítica del presidente colombiano y actor influyente en la política hacia América Latina.
Aunque no se anunció un comunicado conjunto ni acuerdos concretos, la reunión marca una señal de deshielo. En términos políticos, el gesto abre una fase de recalibración estratégica: Washington evalúa el papel de Colombia como socio regional, mientras Bogotá intenta preservar su margen diplomático sin romper con su principal aliado comercial y militar.
El resultado inmediato es más político que operativo: ambas administraciones reconocen la necesidad de administrar el conflicto sin llevar la relación a un punto de ruptura. El verdadero alcance del acercamiento dependerá de las decisiones que sigan en materia de cooperación judicial, política antidrogas y coordinación regional.
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